El sol comenzaba a pintar el cielo con una infinita gama de tonos cálidos, una suave brisa movía las hojas de árboles y plantas bañadas de rocío, haciendo que las pequeñas gotas resbalen hasta estrellarse en la tierra húmeda, que impregnaba el aire con su olor.
El canto de los pájaros se escuchan en armoniosa melodía, como presagiando un gran acontecimiento.
Era una hermosa mañana de verano, los jardines lucían verdes al rededor del castillo Luisance.
Imponente construcción de gruesas paredes se flanqueaba a orillas del río Savoir, sus murallas de mediana estatura, no tenían el fin de proteger sino de agrupar, de crear una sensación de arropamiento para la gente que habitaba dentro del lugar.
La estructura abarcaba la mayor parte del pueblo de Clarté. Dejando fuera únicamente la pequeña, pero suntuosa catedral, el mercado y algunas casas habitacionales.
Dentro del castillo comenzaba el movimiento matutino habitual, el ruido de cacerolas y cucharones en la cocina, iba seguido de exquisitos olores que abrían el apetito del más dormido.
En una de las habitaciones superiores, se encontraba Marie. Una joven hermosa de largos y finos cabellos del color de la miel, los ojos como dos aceitunas, y la piel blanca como la luna.
Estaba sentada en la orilla de la ventana con la mirada perdida en el horizonte. Vestía un corsette verde olivo y una falda con el color de las hojas de los árboles al caer en el otoño. Las sandalias del mismo verde que la parte alta de su vestimenta estaban perfectamente atadas con las cintas satinadas, dejado ver sus pequeños pies y delgadas pantorrillas.
El olor del desayuno, una mezcla dulce de frutas y el aroma del pan recién horneado, llegaba a la habitación por la ventana que deba al jardín lateral.
Cascos de caballos, ruedas de carreta, risas de niños, todo se mezclaba en la cabeza de Marie sin darle importancia a nada.
Con la Mano derecha sostenía un peine de plata que ocasionalmente pasaba por sus cabellos, sin dejar de ver por la ventana.
Sus pensamientos estaban mucho más lejos que la cocina o el jardín, se encontraban en sus sueños, en aquello que ella creía imposible pero que deseaba con toda su alma.
Marie era una mujer soñadora, que siempre buscaba la justicia, con un sentimiento de protección sobre los que necesitan de ella. Pero con una gran tristeza interna, llevaba toda la vida complaciendo a los demás, pero había dejado sus propios sueños. Era feliz viendo feliz a los que la rodean, pero había olvidado vivir por ella misma. Hacía unos meses había encontrado una ilusión, una razón para volver a vivir, pero así como llegó pareció desvanecerse.
Marie, era hija de Maurice Luisance Duque de Clarté, un poderoso y adinerado señor, allegado al Rey Sol. Su padre nunca estaba en casa, pues era el Coronel supremo de las tropas internas de Francia. Encargado de todos los asuntos del ejército en los problemas internos del país y de la seguridad del mismo rey.
Aunque Marie, amaba y admiraba a su padre, como hombre y como militar, extrañaba su presencia en esos largos meses que pasaba fuera del castillo.
Su Madre, Juliette Solaine Condesa de Nancy, Había sido la tercera hija de George Solaine, primo del Rey. Que había muerto en batalla, apenas un año después de la boda de Juliette. Su madre se había vuelto a casar, y Juliette ya no se sentía cómoda visitándola, así que pasaba todo el tiempo en el castillo. Razón por la que Marie no salían mucho, no visitaban familiares y no conocía gente.
La muchacha pasaba largas horas caminando por los jardines y aprendiendo de los jardineros el arte de las flores y las plantas, también le gustaba observar a la curandera del pueblo mezclar las hierbas y hacer remedios. Ella misma la consultaba cuando tenía alguna dolencia. Aunque también se había convertido en su confidente, así como Anne.
Anne era hija del capitán de las tropas de su padre, y aunque era dos años menor que Marie, habían crecido prácticamente juntas. Ya que su Madre Era la Dama de compañía de Doña Juliette. Una muchacha alegre y despreocupada por la vida, siempre hacía bromas y travesuras. Era un poco más baja que Marie, con un cabello negro que reflejaba el sol en tonos azules, Los ojos verdes como esmeraldas y la piel bronceada.
Marie, seguía con la mirada perdida cuando la puerta de su habitación sonó,
-¿No piensas bajar a desayunar?
Le preguntó Anne, mientras abría la puerta, dos muchachas la acompañaban.
Marie, salió de su trance y contestó
-Si claro ahora bajo
Anne hizo una seña a las muchachas para que las dejaran solas.
- ¿Qué tienes? Esa mirada de tristeza no es normal en ti
Marie, suspiró
-Mañana cumplo 18 años
- Lo se, si todo el pueblo espera la celebración, pero eso debería alegrarte
Respondió Anne con emoción en la voz
- No Anne, no puedo alegrame, En esa fiesta mi padre pretende presentarme a los candidatos para que contraiga matrimonio. ¿Sabes lo que eso significa?
- Marie, eso no tiene que ser malo
- Cómo no va ser malo?
interrumpió Marie dando la vuelta y quedando de espaldas a Anne, viendo de nuevo la ventana.
Anne asustada y preocupada ante la reacción de Marie, se acercó a ella, tiernamente, y la abrazó como lo haría una hermana.
- Hay algo que no se?
Marie, volteó la cara para ver a Anne, por sus mejillas rodaba una gruesa lágrima, trató de hablar pero no pudo.
Después de un momento tomó aire,
- Eso implicaría irme de aquí, dejar a mi madre, a ti, y todo con lo que he crecido y…
Marie bajó la cabeza
- Y qué más?
Anne realmente estaba extrañada, que más podría ser tan importante para Marie, cuando ambas soñaban con sus bodas, con el día en que conocerían a su príncipe de sueño y se irían a hermosos castillos.
Anne animó a Marie a que siguiera hablando
Con los ojos llenos de lágrimas y la voz cortada, Marie continuó
- Recuerdas al joven que trae las noticias de nuestros padres?
La chica acentó confundida.
- Se llama Jean, es escudero de mi padre
-
- ¿Qué tiene que ver éste joven?
Preguntó Anne tratando de negar la idea de lo que estaba entendiendo
Marie se derrumbó sobre el borde de la ventana, rendida y tras un suspiro comenzó a hablar, desahogando el secreto que su alma guardaba.
- Desde la primera vez vino hace 6 meses, nuestras miradas se quedaron heladas al encontrarse, mi cuerpo tuvo una reacción que nunca había sentido. Desde ese momento no he dejado de pensar en el. Cada vez que venía era lo mismo, buscarnos con la mirada, sonreír, sentir que un hormigueo recorría todo mi ser.
Marie, suspiró
- Hasta hace dos meses, que coincidimos en la cocina, yo bajaba por un té para mi madre y el comía antes de partir de nuevo.
La cara de Marie se iluminó como si irradiara luz propia, se apenó y sonrojó antes de poder continuar.
- Lo ví y me puse tan nerviosa que tiré la taza,
Una pequeña sonrisa escapó de los labios de La jóven.
- El se levantó para ayudarme y se atoró con la banca, cayendo al suelo, literalmente a mis pies. Por supuesto, los sirvientes de cocina lo ayudaron a levantarse. Pero el se quedó de rodillas pidiéndome perdón por su torpeza.
Un nuevo suspiro se le escapó, sin que pudiera controlarlo, tenía la mirada perdida y las mejillas encendidas.
- Se veía tan guapo
Anne sonrió con pícara mirada
- Estás enamorada de el?
Marie se sorprendió con la interrupción pero sonrió ante la pregunta
- No lo se
Anne la cuestionó nerviosa
- ¿Qué se siente? ¿Es verdad que todo te da vueltas y te llenas el estómago de mariposas?
- Anne espera, no se si esté enamorada, pero si, todo me da vueltas y siento mariposas en el estómago cuando pienso en el. Y Cuando lo veo… es como si miles de hormigas recorrieran todo mi cuerpo
Anne haciendo burla como niña pequeña saltaba por la habitación diciendo:
-Marie está enamorada, Marie está enamorada
- SHHH
La calló Marie tapándole la boca
- No hagas un escándalo
Anne se calmó con una enorme sonrisa y le preguntó
-Bueno y el no te ha dicho nada?
Marie volvió a ruborizarse y asintió tratando de esconder la sonrisa
- ¿cuando?, ¿qué te dijo
- Bueno después de lo que pasó en la cocina me fui al jardín esperando que saliera, sentí que pasaron horas, pero por fin lo vi salir.
Se veía hermoso, caminaba con tanta gracia que pareciera que flotaba.
el cabello castaño y lacio se ondeaba con el aire. Entonces me vio.
Se quedó parado como si el tiempo se hubiera detenido, pero yo tampoco podía moverme. Entonces le sonreí, me sentí tonta, pero no sabía que hacer. El me devolvió la sonrisa y al parecer eso hizo que pudiera moverse. Dio dos pasos y me pidió perdón por la torpeza en la cocina. Por supuesto le dije que no había problema alguno. Entonces me dijo:
Marie se emocionó que dejó de hablar
Anne se volvía loca de curiosidad, y con desesperación en la voz la incitó a seguir.
- ¿Que? ¿Qué te dijo? Por Dios no me dejes con la duda
La joven la vio y echó a reír al darse cuanta de que su pausa dramática había logrado el efecto deseado.
- Me dijo… Que tenía una hermosa sonrisa
Las dos amigas se abrazaron y brincaron gritando, hasta que Marie, calló a Anne
- Shh nos van a oir
- Está bien está bien, pero dime, has sabido algo más de el?
- No mucho, Solo ha venido una ves desde ese día, y solo pude verlo unos segundos, pero logré ver que cuando me vio me dedicó una sonrisa y se sonrojó.
- Yo creo que está enamorado de ti
- ¿De verdad lo crees?
- Si sin duda alguna, pero ahora bajemos a desayunar que nuestras madres esperan.
Las chicas bajaron a reunirse con sus madres en el comedor.